Sobre los ascensores de Nueva York
A veces existe mas distancia vertical que horizontal en las expediciones por la gran manzana y me explico. Vivimos en una planta 43, y mi oficina esta en una planta 45. Tengo compañeros que tardan más tiempo en bajar y subir que en caminar a la oficina. No es mi caso pero por muy poco. En los ascensores de Nueva York se pueden generar experiencias curiosas. Hace casi dos años una chica en difícil estado emocional me pidió un abrazo y luego rompió a llorar. No, no se trataba de un truco de seducción ya que mi aspecto físico no era precisamente el de Romeo pues sudaba por los cuatros costados ya que volvía de correr una hora. En otro caso un colgado en estado ebrio me regalo a las 2 de la mañana unos cuantos CDs que aun están sin abrir. En otra ocasión un fanático puso una petición por escrito de expulsión a nuestro perro en un cartel del ascensor por asociación del pastor alemán con el holocausto. Los ascensores en lugares públicos como los hospitales paran en cada piso los sábados por respecto al sabbath judío de tal forma que estos no tengan que hacer el esfuerzo de pulsar el piso al que se dirigen. Pero lo peor de todo es cuando estos se estropean. La rapidez de subir 45 pisos en 45 segundos se convierte en una experiencia de 45 minutos que te puede reventar las piernas.



1 Comments:
At 7:58 a. m.,
Anónimo said…
Espero que nunca os corten el gas con el ascensor estropeado...
Porque subir a pulso la bombona de butano al 43ª debe ser más duro que lo de leónidas en las termópilas.
Publicar un comentario
<< Home