Nicaragua, nicaragüita
Acabamos de regresar de un viaje por Nicaragua. Hace dieciocho años que llevo lidiando con nicaragüenses y ardía en deseos de visitar su tierra.
La primera impresión que sentí cuando salí del aeropuerto fue la de un viaje a ochenta años atrás en el tiempo. Sus autobuses, herencia rastrera de los usados por los 40s en las escuelas municipales de los Estados Unidos, acaban como por curiosidad del destino dando sus últimos servicios por las malogradas carreteritas de Nicaragua. Ni siquiera se han preocupado por eliminarles el nombre del municipio al que solían servir en su juventud. Sus camiones no sacan humo sino una cortina negra que parece más sólida que gaseosa. Nos aconsejaron que anduviésemos con precaución pero definitivamente el mayor peligro se encuentra en sus carreteras. Todos los días vimos accidentes. Lo único que les sobra a los Nicas es el tiempo pero es curioso que sobre un automóvil tiendan a sentir que el tiempo sea lo único que les falta. Los adelantamientos son espantosamente desafiantes a la vida. La póliza de seguros del coche que alquilamos tenía un coste bastante mayor que el coste del alquiler cosa que me sorprendió cuando lo contraté pero que entendí inmediatamente durante mi primer kilómetro recorrido. Pero lo que realmente delata la anacronía son los carros de bueyes y burros, y también los pepanos, que son vehículos de transporte público de tres ruedas cuya tracción consiste en dos piernas sobre dos pedales.
Los Nicas son personas tremendamente amables. No sentimos en ningún momento descortesía y siempre la gente a la que preguntamos se desvivió por ayudarnos. Son muy pobres y al mismo tiempo muy poco individualistas hasta que reflexionas y caes en que el progreso y el individualismo son como hermanos cogidos de la mano. Y es que allí el tiempo se dilata de manera mágica, las jornadas son largas, mucho mas largas que en el mundo económicamente desarrollado porque la rutina no es rutina y porque allí todo corre mucho más lento. Es muy raro ver a personas solitarias, siempre están acompañadas, la charla es frecuente, la visita también y las prisas sólo quedan para cuando alguien está agarrado al volante. La productividad humana no importa cuando sobran recursos humanos por los cuatro costados. Tener un chofer a tu servicio todo el día no cuesta mas allá de 200 córdobas diarios, al cambio actual sale por poco más de diez dólares.
Hemos recorrido cerca de 1400 Km. que para lo que es Nicaragua son muchos Km. Hemos visitado sus principales ciudades: Managua, León y la preciosa Granada. Nuestro cuartel general estaba situado en la ciudad de Rivas al sur del país, donde RM tiene aún muchos familiares. Cuando llegamos a la calle del mercado de Rivas el impacto de sensaciones fue colosal por el tráfico de su gente, por sus puestos, por la cantidad de vida que había en ella y como diría mi amigo AV, por ese trotoneo que es descomunal; e inmediatamente lo relacioné con una colección de libros sobre fotografías que tengo de Madrid y de cómo eran sus mercados a principios de siglo.
Subimos al volcán Mombacho, una delicia verde de la naturaleza con su fauna de árboles y sus flores epifitas. Ordeñamos vacas y cabalgamos a caballo el campo entre la ladera del mar y del lago Nicaragua, el segundo más grande del continente. Fuimos a la preciosa playa de San Juan del Sur. Recorrimos el mercado antiguo de Masaya, compramos quesillo en la Paz Centro y visitamos el complejo turístico Montelimar, antigua residencia privada de los Somoza, la familia que durante lustros mando en el país y que fueron expulsados por los Sandinistas en el 79. Se nos han quedado muchas cosas por ver pero lo dejaremos para una segunda visita que Dios mediante algún día haremos.
Los Nicas son apasionados de la política, en eso se parecen a los Españoles, pero su clase dirigente deja mucho que desear porque habiendo crecido el mundo como lo hecho en los últimos dieciocho años, Nicaragua se ha quedado prácticamente igual, y precisamente ellos que tienen tanto espacio para crecer. Aun así la publicidad no deja de dar ánimos ficticios a la población con carteles como “Nicaragua triunfa”, “Nicaragua gana” o “Con Daniel y Hugo Nicaragua progresa”.
Este viaje ha sido una experiencia no solo visual sino emotiva y entrañable, y es el más llamativo de cuantos viajes hemos hecho en el último año. En toda salida siempre te queda una experiencia visual y un aprendizaje natural pero de Nicaragua hemos sacado la reafirmación de ciertas verdades y es que por muy pocos recursos que tengas siempre te podrá quedar la ilusión de vivir la vida tal y como es, de manera sencilla.
La primera impresión que sentí cuando salí del aeropuerto fue la de un viaje a ochenta años atrás en el tiempo. Sus autobuses, herencia rastrera de los usados por los 40s en las escuelas municipales de los Estados Unidos, acaban como por curiosidad del destino dando sus últimos servicios por las malogradas carreteritas de Nicaragua. Ni siquiera se han preocupado por eliminarles el nombre del municipio al que solían servir en su juventud. Sus camiones no sacan humo sino una cortina negra que parece más sólida que gaseosa. Nos aconsejaron que anduviésemos con precaución pero definitivamente el mayor peligro se encuentra en sus carreteras. Todos los días vimos accidentes. Lo único que les sobra a los Nicas es el tiempo pero es curioso que sobre un automóvil tiendan a sentir que el tiempo sea lo único que les falta. Los adelantamientos son espantosamente desafiantes a la vida. La póliza de seguros del coche que alquilamos tenía un coste bastante mayor que el coste del alquiler cosa que me sorprendió cuando lo contraté pero que entendí inmediatamente durante mi primer kilómetro recorrido. Pero lo que realmente delata la anacronía son los carros de bueyes y burros, y también los pepanos, que son vehículos de transporte público de tres ruedas cuya tracción consiste en dos piernas sobre dos pedales.
Los Nicas son personas tremendamente amables. No sentimos en ningún momento descortesía y siempre la gente a la que preguntamos se desvivió por ayudarnos. Son muy pobres y al mismo tiempo muy poco individualistas hasta que reflexionas y caes en que el progreso y el individualismo son como hermanos cogidos de la mano. Y es que allí el tiempo se dilata de manera mágica, las jornadas son largas, mucho mas largas que en el mundo económicamente desarrollado porque la rutina no es rutina y porque allí todo corre mucho más lento. Es muy raro ver a personas solitarias, siempre están acompañadas, la charla es frecuente, la visita también y las prisas sólo quedan para cuando alguien está agarrado al volante. La productividad humana no importa cuando sobran recursos humanos por los cuatro costados. Tener un chofer a tu servicio todo el día no cuesta mas allá de 200 córdobas diarios, al cambio actual sale por poco más de diez dólares.
Hemos recorrido cerca de 1400 Km. que para lo que es Nicaragua son muchos Km. Hemos visitado sus principales ciudades: Managua, León y la preciosa Granada. Nuestro cuartel general estaba situado en la ciudad de Rivas al sur del país, donde RM tiene aún muchos familiares. Cuando llegamos a la calle del mercado de Rivas el impacto de sensaciones fue colosal por el tráfico de su gente, por sus puestos, por la cantidad de vida que había en ella y como diría mi amigo AV, por ese trotoneo que es descomunal; e inmediatamente lo relacioné con una colección de libros sobre fotografías que tengo de Madrid y de cómo eran sus mercados a principios de siglo.
Subimos al volcán Mombacho, una delicia verde de la naturaleza con su fauna de árboles y sus flores epifitas. Ordeñamos vacas y cabalgamos a caballo el campo entre la ladera del mar y del lago Nicaragua, el segundo más grande del continente. Fuimos a la preciosa playa de San Juan del Sur. Recorrimos el mercado antiguo de Masaya, compramos quesillo en la Paz Centro y visitamos el complejo turístico Montelimar, antigua residencia privada de los Somoza, la familia que durante lustros mando en el país y que fueron expulsados por los Sandinistas en el 79. Se nos han quedado muchas cosas por ver pero lo dejaremos para una segunda visita que Dios mediante algún día haremos.
Los Nicas son apasionados de la política, en eso se parecen a los Españoles, pero su clase dirigente deja mucho que desear porque habiendo crecido el mundo como lo hecho en los últimos dieciocho años, Nicaragua se ha quedado prácticamente igual, y precisamente ellos que tienen tanto espacio para crecer. Aun así la publicidad no deja de dar ánimos ficticios a la población con carteles como “Nicaragua triunfa”, “Nicaragua gana” o “Con Daniel y Hugo Nicaragua progresa”.
Este viaje ha sido una experiencia no solo visual sino emotiva y entrañable, y es el más llamativo de cuantos viajes hemos hecho en el último año. En toda salida siempre te queda una experiencia visual y un aprendizaje natural pero de Nicaragua hemos sacado la reafirmación de ciertas verdades y es que por muy pocos recursos que tengas siempre te podrá quedar la ilusión de vivir la vida tal y como es, de manera sencilla.



2 Comments:
At 5:56 p. m.,
Unknown said…
Nos alegra tanto saber de vuestra experiencia y peripecias... ya sabéis ambos dos las ganas, desde años, que tengo de conocer esas tierras centramericanas y demás países colindantes. En esa 2ª vuelta una que yo conozco será vuetra compañera de viaje.
Tiene que ser increible retroceder en el tiempo y comprobar la alegría de esas gentes que son más felices que nosotros a pesar de tener una cuarta parte. Nosotros nos creamos demasiadas necesidades que creemos que nos hará felices. Y la pregunta ¿el progreso es la llave de la felicidad?
... me hace gracia lo de la conducción... ya sabemos que es una válvula de escape para la mayoría de los mortales (que no es mi caso), el uso de los RRHH para los diferentes servicios maratonianos (eso sí que es sacrificio..) y los pepanos a pedales... tendrán que rular más fotillos.
At 4:50 a. m.,
Anónimo said…
Es cierto lo que decís.
Es normal la sensación de vivir una vida demasiado complicada al visitar tierras más humildes. A mí siempre me ocurría al bajar a Andalucía.
Sin embargo, muchas de las "necesidades" que forman parte de nuestra vida son difícilmente prescindibles cuando ya las has probado.
Nadie echa de menos tener aire acondicionado en el coche cuando sólo tiene una bicicleta como medio de locomoción.
Hay mucha gente que no necesita en absoluto un teléfono móvil, ni un ordenador. Pero la sociedad de consumo nos lo impone.
Pero amigo, cuando se ha probado el jamón de jabugo...
Aquí echamos mucho de menos la sanidad y la educación de calidad. Ellos no, porque no conocen otra cosa.
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